Los objetos de cerámica precolombina de la colección del Museo del Jade, muestran una amplia gama de formas y diseños, de acuerdo a la región arqueológica o cultural de procedencia.
Paralelo a la siembra de productos agrícolas se manufacturaron objetos cerámicos elaborados con arcillas, los cuales surgen como necesidad para almacenar y procesar los alimentos que gararantizaban la subsistencia del grupo social.
Los ceramistas precolombinos elaboraron en barro, no solo ollas, tazones, platos, sino que también confeccionaron metates, sonajeros, flautas, ocarinas, tambores, figuras humanas, inhaladores, sellos, entre otros.
En el caso, de los sellos de cerámica, los mismos mostraban diseños simbólicos de acuerdo a sus creencias religiosas. Diseños que eran utilizados por los personajes de rango para pintarse sus caras y cuerpos durante ceremonias religiosas relacionadas a ritos funerarios, nacimientos, iniciación a la vida adulta.

Para elaborar objetos de cerámica, el artesano adquiría la arcilla de lugares cercanos o por el intercambio con otros grupos culturales. La arcilla es una pasta de consistencia plástica con la que se elaboraban las diferentes piezas.
Las técnicas para la manufactura de la cerámica más populares entre los especialistas precolombinos fue la de “enrollado” para elaborar la forma deseada y la de “modelado” por presión. El enrollado consiste en ir levantando las paredes del objeto al colocar consecutivamente rollos de arcilla y el modelado se realiza ejerciendo presión con los dedos pulgares sobre una masa de arcilla.

Cuando las formas cerámicas ya estaban terminadas, en algunos casos se decoraban, aplicando engobes, pintura y puliendo posteriomente la superficie. Un porcentaje menor de la cerámica se hizo en moldes preparados (generalmente para figuras). Las pinturas usadas en la decoración eran ocres inorgánicos.


Dentro de la investigación arqueológica, se reportan vestigios de hornos precolombinos para la cocción de la cerámica, que indican que la mayoría de la alfarería indígena probablemente se cocinó en fogones abiertos o semiabiertos, donde la temperatura de cocción no solía pasar los 900 grados centígrados (°C), a veces tan baja como 300 °C.