El tallado de rocas y minerales es un proceso que se remonta a la llegada a esta parte de América de las oleadas migratorias nómadas de cazadores de mega fauna (grandes animales) y recolectores de frutos provenientes de Asia, diez mil años antes de Cristo.
Estos cazadores, utilizaron herramientas de cacería elaboradas con minerales como cuarzo, jaspe, calcedonia, pedernal, así como otras rocas de gran dureza. Entre estos implementos hicieron cuchillos, raspadores, martillos, y puntas de lanza, utilizados para cazar, procesar la carne, las pieles, los huesos y para elaborar otras herramientas.
Con la consolidación de la agricultura, los pobladores precolombinos se hicieron más sedentarios, dándose un aumento en la población que conllevó un desarrollo social y cultural importante, durante este proceso también surgen personajes importantes en torno a los cuales gira la organización social, no solo productiva sino de índole religiosa.
Estos personajes, que dentro de la connotación universal se les conoce como líderes religiosos o chamanes, también ejercieron un control territorial, sirvieron de mediadores entre el pueblo y el mundo espiritual, a su vez transmitieron esa acumulación de conocimiento sobre la transformación de las rocas como parte del proceso de modificación de su entorno natural.
La habilidad técnica para tallar las rocas y minerales, reflejó no sólo las diferentes formas de vida, que fueron surgiendo como parte de la dinámica social, sino que también, manifestó creencias en un mundo espiritual, agregándole la connotación mágico religiosa al proceso de manufactura, como protección ante las enfermedades, para obtener buena cosecha y cacería, o como apoyo al chamán para que tuviera el poder de servir de intermediario entre el grupo social y el mundo sobrenatural.
Para llegar a obtener cada una de estas piezas de jade, el especialista en el tallado, ubicó inicialmente las canteras o fuentes de materia prima de rocas y minerales que reunieran cualidades para trabajarla como dureza, poca porosidad entre otras. Se sugiere que los bloques de rocas y minerales que iban a ser trabajados se obtuvieron por recolección en ríos o como producto de intercambio con otros grupos culturales de América.
Dentro de la arqueología de Costa Rica se le ha denominado jade social a objetos tallados en diferentes tipos de materiales entre los que se tienen diversos minerales y rocas de carácter ígneo, metamórfico y sedimentario. La forma de distinguir estos minerales es la determinación de algunas propiedades físicas, especialmente el peso específico, la dureza, el color y el brillo.
Los minerales que mayormente fueron empleados por los especialistas precolombinos fueron jadeíta, nefrita, serpentina, lapislázuli, obsidiana, amazonita, verita, cuarzos, calcedonias, lutitas, areniscas, entre otros, los cuales presentan una variedad de tonos de verde que van desde casi blanco, musgoso, aceituna, esmeralda, otros, presentan tonalidades amarillas, rojizas, desde verde azulado a casi negro.
El término jade es genérico, ya que geológicamente como mineral no existe en esta parte sur de Centroamérica. Solamente se tiene reporte de yacimientos de jadeíta y nefrita, al norte del Área Intermedia; cerca del valle de Motagua en Guatemala, lo que sugiere la existencia de una red de intercambio de materia prima durante la época precolombina con otras áreas culturales; en el caso de Sudamérica no se tiene referencia de fuentes importantes de jadeíta.
La dureza del jade conllevó un trabajo especializado que demandó mucho tiempo, energía y organización social en lo se refiere a su procesamiento. No se tiene referencia de ningún taller donde se elaboraran esos artefactos, sin embargo, se cree que para el tallado de estas rocas y minerales se trabajó a la orilla de los ríos, ya que para cortar y pulir necesitaban estar humedeciendo constantemente la arena de cuarzo, silíceas o volcánicas.

Los antiguos pobladores prehispánicos utilizaron diversas técnicas de manufactura y decorado como por ejemplo el corte y aserramiento utilizando un arco de madera con un cordel impregnado de abrasivos para sacar bloques, además de instrumentos de punta sólida cónica y tubular para perforar, o para realizar la incisión, para hacer la decoración calada y posteriormente pulirlo aplicando polvo de jade, cuarzo o de roca volcánica, así como cera de abejas o algún tipo de resina vegetal para afinar el pulido y aumentar su brillo.
